22.11.04

El partido que mantuvo en vilo a la afición nacional.

El fútbol es una pasión nacional. Eso es innegable. En cualquier construcción, a mediodía, luego del almuerzo, siempre se verá a algunos jugando fútbol. Y a otros observándolo. Hasta en la más humilde cancha empolvada donde se juegue, habrá espectadores disfrutando las maravillas y pasiones que desata de un partido de fútbol.

Por eso no es de extrañar que cuando juega el equipo del pueblo, pues el público lo apoye con todo el ánimo. Si juega la selección nacional (la "selecta" que le dicen) siempre habrá aficionados que corran al estadio a verlos jugar (y perder, casi siempre)

Nuestro fútbol anda de capa caída desde hace años, fruto de muchas acciones y omisiones de los federativos, del gobierno, de los aficionados y de los que no lo somos.

Lo curioso, es esa aparatosa rueda sinfín de soñar con asistir al mundial, prepararse para el encuentro, pasar por el ritual de asistir al estadio, para luego ver perder a la selección y ver cómo se hacen humo las esperanzas de ser campeones mundiales. Y lo más curioso es que el círculo vicioso es apoyado y alimentado por los medios de difusión: comentaristas que hablan de grandezas sin fundamento, que no analizan las posibilidades reales que se tienen frente a los contrincantes, que dicen que se ganará como por arte de magia, porque es nuestro equipo y es inconcebible la derrota.

Y luego viene el desastre, la salida de las eliminatorias, los despidos de directores técnicos, los llantos y rechinidos de dientes.

Pero a nosotros estas hecatombes se nos olvidan pronto. Y pasan otros cuatro años y las cosas vuelven a funcionar como siempre.

Frente a las desilusiones, lo que me asombra siempre es el entusiasmo con que mis compatriotas abrazan la liga española. Hacen tanta algarabía cuando se celebra el encuentro Real-Barça que parece que son los equipos de dos poblaciones salvadoreñas.

Quizás debido a falta de héroes nacionales, hacemos nuestras las estrellas de la liga española. Y el día del encuentro, salimos a la calle luciendo la camisola de nuestro equipo favorito, creyéndonos invencibles e invulnerables como Aquiles, por el mero hecho de llevarla puesta.

El domingo por la tarde escuché a un niño decir “¡Ganamos!, ¡Les ganamos tres a cero!” Y hasta yo sabía a qué deporte y a que encuentro se estaba refiriendo.

Tal pareciera que en mi país si hacen falta héroes. Y puesto que los que tenemos no alcanzan, pues necesitamos hacer nuestros los héroes de otras latitudes y longitudes.

Mientras la política milenaria de pan y circo siga vigente (que conste que aquí sólo disfrutamos de lo último), pues los salvadoreños seguiremos viviendo de fantasías. Mientras nuestra cultura sólo nos unifique en el fútbol, y no en las artes plásticas, o en el teatro, o en la literatura, no podremos ir construyendo la “identidad nacional” y seguiremos necesitando gladiadores multimillonarios de otras ligas.

1 comentario:

  1. Triste realidad, compartida casi intacta con la de México. Aqui el equipo llega al mundial pero muere a las primeras de cambio.

    Pero no hay cultura para que a la gente los una las artes plásticas o la literatura.

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