2.10.10

Documentales y Arcatao

En el canal cultural del Estado, Canal 10, hay un espacio llamado Cine Apolo, en donde se transmite cine de arte o cine que no puede ser llamado comercial en el sentido económico de la palabra. Hace dos semanas, pasaron una entrevista al cineasta Manuel Sorto y luego los documentales. El primero, Zona Intertidal, del Colectivo Taller de los Vagos una producción de 15 minutos, que trata sobre los asesinatos políticos contra los maestros que se llevaron a cabo durante la década de 1970. En ella participó Manuel Sorto como editor. Según el mismo Sorto, es un cortometraje de ficción con tendencias de izquierda, pero que busca hacer arte.

El segundo documental se llama Carta de Morazán y fue producido por el Sistema Radio Venceremos. Según Sorto, el trabajo es más un esfuerzo propagandístico de la entonces guerrilla. En eso estoy de acuerdo. Este material es claramente de menor calidad que el primero, pero tengo entendido que nunca había sido transmitido públicamente. Yo lo vi como una parte de nuestro pasado que necesita ser conocido, siempre y cuando se le trate como lo que realmente es: un material cuyo objetivo es ensalzar a la guerrilla y hacer ver débil al ejército. Un filme en donde se se presenta la toma de Ciudad Barrios, una emboscada a una caravana del ejército y una entrevista al entonces Subsecretario de Defensa, que fue capturado por la guerrilla.

Mi sorpresa es cuando el 27 de septiembre pasado, aparece un comunicado en la página 35 de LPG en donde la asociación de veteranos militares reclaman que con la transmisión de estos programas se difama a la Fuerza Armada, que muestran una historia tendenciosa y que se muestra a la institución como débil. Además, llaman a unir filas en contra de los ataques a la dignidad, etc. etc y más etc.

Si ellos quieren, pueden armar un documental con todos los trozos de noticieros de COPREFA (Comité de Prensa de la Fuerza Armada) que pasaban cada noche en todos los canales nacionales y pedir que sea transmitido por Canal 10. No creo que produzcan un filme de mejor calidad y que sea menos tendencioso que el de Carta de Morazán. Igual será un producto propagandístico. Me parece que con ese comunicado, la asociación de veteranos nos demuestra que no ha avanzado en el camino democrático y que siguen viviendo con una mentalidad desfasada.

La reacción de esta asociación no me sorprende. Lo que realmente me molesta es que mientras los veteranos se rasgan las vestiduras y obtienen eco en los medios de difusión, noticias como la aparecida el 29 de septiembre pasado en el Diario Colatino no tengan la cobertura adecuada en los otros medios.


Miércoles, 29 de Septiembre de 2010 / 11:21 h
Arcatao y el fin de su luto de 30 años



Otilia Martínez López y María Echeverría observan las 9 cajas que contienen los restos de sus familiares que fueron masacrados por elementos de la Fuerza Armada durante el conflicto armado, en Arcatao, Chalatenango. Foto Diario Co Latino/Juan Carlos Villafranco

Daniel Trujillo
Redacción Diario Co Latino

Cuatro columnas de cajas de cartón están sobre una de las mesas del Instituto de Medicina Legal (IML) de Santa Tecla.

María Echeverría las observa y trata de identificar una, en la que sabe están depositados los restos mortales de su hijo José Adrián, asesinado supuestamente por el ejército en 1980.

Ella viajó desde Arcatao, Chalatenango, hasta la capital para cerrar un ciclo de su vida: el luto ininterrumpido durante 30 años sin saber dónde estaba exactamente el cuerpo de su hijo, quien murió durante los inicios del conflicto armado en la zona norte del país.

Ha pasado tanto tiempo que el dolor provocado por la pérdida física de José no desaparece, al contrario, ella no quiere hablar al respecto porque sabe que el recuerdo la debilitará y quiere tener fuerza cuando el personal del IML le entregue su caja de cartón para llevársela a Arcatao, y darle cristiana sepultura a su hijo.

"Es muy doloroso recordarlo. Mejor no hablo de eso. Mire ella cómo se ha puesto", dice María y señala a Olimpia Serrano, amiga de la comunidad, quien no para de llorar desde que supo sería la primera quien le entregarán los restos de su esposo e hijo, también asesinados en el transcurso de la guerra.

Durante los 20 años del conflicto armado en el país, Chalatenango fue uno de los departamentos más golpeados por los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército.

El municipio de Arcatao no se salvó de la violencia de ese entonces y los nueve cuerpos entregados a sus familiares el mediodía de ayer vivían en el caserío Los Orellana y los cantones de Cerro Grande y Los Dubones. Esas tres zonas fueron durante mucho tiempo cementerios clandestinos, donde enterraban cadáveres luego de torturarlos y ejecutarlos.

Fue en esos cantones y caserío donde exhumaron los restos de Israel Flores Ortega, Óscar Ortega José Sabas Monge, Rafael Rivera Castillo, Dionisia Serrano Martínez, Manuel de Jesús Serrano, María Juana Martínez, José Adrián Ábrego y Juana Rivera Serrano, esta última tenía ocho meses de embarazo cuando la asesinaron.

Afuera del IML estaban los familiares de las personas asesinadas. Cuando el personal de la entidad forense los llamaba, se dirigían a la clínica dos y entregaban su DUI y firmaban un documento donde constaban la entrega de los restos.

Cuando terminó ese proceso, Olimpia Serrano tomó asiento y cubría su rostro con una toalla. Entre la toalla y sus manos se refugió y buscó privacidad para llorar una vez más a su esposo e hijo.

Su hija Seferina sobaba su cabeza y deslizaba su mano para transmitirle tranquilidad a su mamá. Ya más tranquila, Olimpia miraba fijamente hacia el parqueo de Medicina Legal, Seferina hacía una trenza con el cabello de su madre.

Los familiares de 9 masacrados durante el conflicto armado retiran los restos de Medicina legal en Santa Tecla, donde al fin les darán sepultura en Arcatao. Foto Diario Co Latino/Juan Carlos Villafranco

Olimpia, María y demás personas de las comunidades de Arcatao encontraron los cuerpos de sus seres queridos por medio de la ayuda del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA) y del Centro Bartolomé de las Casas, que proporcionaron en un principio ayuda psicosocial a diferentes comunidades del municipio.

Fue hasta junio de 2007 que el IDHUCA asesora jurídicamente a las personas de la localidad e inicia el mapeo para ubicar las fosas donde se encontraban los cadáveres.

En abril de 2009 se presentó la denuncia penal del caso a la Fiscalía General de la República de Chalatenango y dentro de las diligencias se realizan las exhumaciones, como anticipo de prueba en el proceso.

Entre enero y febrero de este año se exhuman los cuerpos y el IML inicia la autopsia correspondiente. Los resultados de la misma le servirán a la Fiscalía para seguir el caso y saber si fue o no el ejército que cometió los asesinatos de las nueve personas.

María ya tiene en sus manos la caja de cartón con los restos de su hijo. Ella permanece seria y su semblante se mantiene firme porque quiere transmitirle serenidad a sus demás amigas de la comunidad.

Pedro Martínez y Silvia Cuéllar, ambos abogados del IDHUCA, aseguraron que este caso es un claro ejemplo de las secuelas del conflicto armado, que todavía persisten en la sociedad salvadoreña.

Cuéllar aseguró que con la entrega de los restos se pone fin a 30 años de duelo y abre el paso para que la impunidad en el país ya no exista.

Mientras que Martínez agregó que con la entrega de los cuerpos se contribuye a la reparación integral del proceso de duelo de las familias.

Ayer, en la tarde, en la capilla de la UCA se ofició una misa por el descanso de estas personas asesinadas a consecuencia de la guerra.

Esta mañana fue el cristiano entierro de los nueve cadáveres, en Arcatao, precisamente el lugar donde nacieron y viven sus familias, quienes ahora podrán ir a una tumba a enflorarlos y recordarlos como eran en vida.

Los nueve cuerpos exhumados de Arcatao representan apenas una parte de los miles de asesinatos y masacres ocurridas durante el conflicto armado.

Las heridas causadas por la guerra aún no se cierran en muchas partes del país, ya que no se les ha hecho justicia.

Todavía nos falta mucho trecho para reconciliarnos como sociedad. Me parece que gestos como el que una madre pueda darle sepultura a los restos de su hijo nos acercan más a esta meta.

Mis respetos y mi apoyo para la gente de Arcatao.

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4 comentarios:

  1. Primero: qué bueno que posteás.

    Segundo: Qué te puedo decir, alguien dice que el cielo es azul y otro va y pone una demanda de que es realmente verde. Así las cosas.

    Abrazos

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  2. Carta de Morazán es quizás el documental de guerra de más amplia distribución en el centro de San Salvador. Me duele profundamente no haber podido ver Zona Interidal, porque muchos de los maestros-mentores de mi papá fueron asesinados en ese marco. Supongo que no me queda más que estar pendiente de Cine Apolo.

    Siempre me ha causado morbo ver "footage" de los "segmentos informativos" de COPREFA. En mi más tierna infancia me causaban pavor, pero ahora podría verlos con más... frialdad.

    Y lo de Ataco... supongo que Altamirano creyó que lo iban a meter preso por publicar una verdad tan tangible. Y los Dutriz están preocupados buscando cómo pagan su multa de $300 por publicar las fotos del caso Garay.

    Saludos.

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  3. Aniuxa:

    Los puntos de vista distintos siempre existirán. El punto es no exagerar como para pensar que la fuerza armada está en peligro.


    Virginia:

    Me gustó mucho más Zona Intertidal. Con respecto a COPREFA, junto al morbo, hay que tener paciencia y suplir la falta de imaginación de los redactores de los textos.

    Gracias por compartir en este espacio. Bienvenida.

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  4. Alde! has vuelto???

    me encantó tu post, puedo asegurarte que estas cosas son realmente conmovedoras.

    saludos!! y ojalá no tomemos un cafecito!!

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